Daniela Del Gobbo
martes, 5 de abril de 2011
Eran tus manos esa vez.
Ahora es el silencio
de rama quebrada
el almendro
r
egando el aire.
No sé qué hay en tu caja.
Descalza
mi cuerpo
trenza,
el lenguaje se desviste
masa de barro
sobre los hombros.
Te hablo con el nombre agotado.
En mi retina
o nuca
o pies
el corazón raspado
por el eco de lo que no está.
Las palabras se caen por desilusión.
Se caen porque necesitan y no hay.
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